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La ciencia como construcción del conocimiento (y de la realidad) febrero 5, 2014

Posted by recaredus in Ciencia y Filosofía, Crítica de la ciencia, Curso, Materiales, Notas.
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Objetivos:En continuidad con los tópicos anteriores, los alumnos definirán la ciencia como una construcción, como un proceso que se viene elaborando mediante la colaboración de mucha gente y a lo largo del tiempo, acumulando conocimientos y experiencias.

¿Ustedes creen que la Ciencia consiste en explicar la realidad, en analizarla objetivamente y describirla de manera sistemática?

Sólo en parte. Estamos acostumbrados a concebir la ciencia como el conocimiento verdadero, como el conocimiento objetivo, completo y verdadero de la realidad… pero no es así.

Como veremos en las siguientes lecturas, la ciencia es un estudio de la realidad, pero no como es en sí misma, sino como se le presenta al ser humano que la quiere estudiar y que para conocerla, necesita adaptarse y adaptar el objeto. Por eso podríamos decir que la ciencia es la descripción de la realidad conforme a los sistemas que el mismo hombre construye para poner a su alcance una realidad demasiado compleja para entenderla en sí misma.

Henri Poincaré nació en París en 1854 y murió en 1912. Fue un célebre matemático y físico, que estudió el sistema solar y la gravedad en equilibrio. Revisemos este texto:

Lectura Complementaria

¿Qué es la ciencia?

Henri Poincaré

«Es, en primer lugar, una clasificación, un modo de relacionar hechos que las apariencias separan, aunque estén ligados por algún parentesco natural y oculto. En otros términos, la ciencia es un sistema de relaciones. Ahora bien, solamente en las relaciones debe ser buscada la objetividad; sería en vano buscarla en los seres considerados como aislados unos de otros.

Decir que la ciencia no tiene valor objetivo porque no nos hace conocer más que relaciones, significa razonar al revés, puesto que, precisamente, son las relaciones las únicas que pueden ser consideradas como objetivas. Por ejemplo, los objetos exteriores para los cuales ha sido inventada la palabra objeto, son justamente objetos y no apariencias fugitivas e inasibles, porque no son sólo grupos de sensaciones, sino grupos unidos por un vínculo constante. Sólo este vínculo es objeto en ellos, y este vínculo es una relación. Por lo tanto, cuando nos preguntamos cuál es el valor objetivo de la ciencia, eso no quiere decir: «¿nos hace conocer la ciencia la verdadera naturaleza de las cosas?», sino ¿nos hace conocer las verdaderas relaciones de las cosas?» A la primera pregunta nadie osaría en responder no, mas creo que se puede ir más lejos; no solamente la ciencia no nos puede hacer conocer la naturaleza de las cosas, sino que nada es capaz de hacérnosla conocer, y si algún dios la conociera, no podría encontrar palabras para expresarla. No solamente no podemos adivinar la respuesta, sino que si nos la dieran, no podríamos comprender nada; me pregunto aún si comprendemos bien la cuestión. Entonces, cuando una teoría pretende enseñarnos qué es el calor, o la electricidad, o la vida, está condenada de antemano; todo lo que puede darnos no es más que una imagen grosera… La única realidad objetiva (que conoce la ciencia) son las relaciones entre las cosas, de las que resulta la armonía universal».

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El valor de la ciencia, pp. 167-6

Lectura Complementaria

La Construcción del Conocimiento Científico

Jean Ullmo

«La ciencia busca sus objetos, los construye y los elabora; no los encuentra «hechos ya», dados en la percepción o en la experiencia inmediata. El mundo de la ciencia es una construcción; los métodos de esta construcción constituyen la primera etapa de la ciencia, pero no la más fácil.

Cualquier bachiller sabe que la física es la matematización de la naturaleza. El instrumento matemático se ejerce sobre los números proporcionados por la medida, y produce deducción y previsión. Pero queda aún por comprender cómo se efectúa esta matematización y por qué ejerce una influencia sobre los objetos que le propone la construcción realizada…

Aplicaremos aquí, desde el principio, el método primero de la ciencia; ella muestra lo que dice. No puede uno confiar en las palabras para evocar lo que se quiere en el pensamiento de los demás; hay que proporcionar al otro un procedimiento exacto para que pueda volver a hallar, por sus propios medios, lo que está en cuestión y alcanzarlo con seguridad por sí mismo.

La medida es el ejemplo más sencillo de este procedimiento. Dados (o sobrentendidos) un patrón de longitud y una regla de medición, cuando digo que esta mesa mide dos metros de largo y un metro de ancho, induzco implícitamente al que me escucha a aplicar esta regla, a repetir estas operaciones de medida proporcionadas por estos números; y me comprende porque es capaz de efectuar estas operaciones y prever sus resultados.

Hace mucho tiempo que este privilegio de la medición: regularidad, repetibilidad, ha sido percibido más o menos confusamente. Pero se ha dado un paso decisivo al comprender que es la misma medida la que define la magnitud de lo que se va a medir; esta última no preexiste a la medida, como una intuición rudimentaria lo hizo creer durante mucho tiempo. Este importante descubrimiento se ha precisado y generalizado por la noción de definición operatoria.

Una definición operatoria es una definición que entraña la descripción de un procedimiento regular para localizar, medir y, más generalmente, alcanzar e identificar el concepto definido.

La primera exigencia metodológica de la ciencia es la de no utilizar en sus enunciados más que conceptos definidos así. Toda noción introducida de este modo entraña una experiencia virtual, como anteriormente las dimensiones de la mesa. Como dice acertadamente Bachelard:

«La experiencia forma cuerpo con la definición del Ser. Toda definición es una experiencia» y con una fórmula más acertada aún: «Dime cómo te buscan y te diré quién eres»».

ullmo

El Pensamiento Científico Moderno, pp. 21-23.

Antes de pasar a otro tema haremos una revisión histórica que les permitirá ver cómo se han sucedido las principales representaciones que la ciencia se ha hecho de la realidad.

La Ciencia: Una revisión histórica

La antigüedad: una representación cualitativa de la realidad

Antiguos y medievales crearán una ciencia de carácter cualitativo. Según su representación de la realidad, sólo era pensable aquello que se manifiesta cualitativamente a través de los sentidos, a saber, las llamadas esencias universales. De aquí que:

1o. La ciencia fue definida como un conjunto de proposiciones y de razonamientos lógicos que expresaban la realidad permanente e inteligible que existe más allá de lo fenoménico, es decir, las sustancias, causa de los fenómenos observados.

2o. Los problemas planteados por esta ciencia decían relación a una pregunta fundamental: ¿Cómo debe ser concebida una determinada realidad en sí misma de conformidad con las cualidades aprehendidas por los sentidos?

3o. El método para responder al anterior interrogante estaba constituido por el doble proceso de la inducción y la deducción. Inicialmente el investigador mediante la inducción pasaba de los hechos percibidos por los sentidos a una generalización que le permitía definir la forma sustancial o la esencia de algo. Alcanzada la definición procedía, a partir de ella, a demostrar silogísticamente por deducción que los efectos observados se pueden derivar de la definición dada. De este modo, los efectos observados se explican al ser demostrados a partir de un primer principio que es su causa. Para Aristóteles todos los efectos son atributos de una sustancia y se demuestra la causa de un efecto cuando el efecto (color, tamaño, forma,, etc.) puede ser predicha como atributo de la sustancia definida. Según esto, la ciencia se reduce a un conjunto de proposiciones de sujeto-predicado y no a proposiciones que expresen relaciones numéricas, como lo pensará la ciencia moderna.

Vale la pena recordar que Aristóteles estableció una separación tajante entre física y matemática. Según él, el proceso inductivo permite distinguir tres grados de abstracción, cada uno de los cuales revela un aspecto diferente de la realidad, y constituye el punto de partida para distinguir tres ciencias: la física, la matemática y la metafísica. El objeto de la inducción física es el cambio y el movimiento de las cosas materiales; el de la inducción matemática es el aspecto cuantitativo de dichas cosas materiales; y el de la inducción metafísica, la sustancia inmaterial con existencia independiente. De acuerdo con esto, las matemáticas no podían dar cuenta de la causa de los fenómenos observados. Ellas sólo podían describir los aspectos cuantitativos; de ninguna manera explicar diferencias como, por ejemplo, la del movimiento de los cuerpos hacia arriba o hacia abajo. Los modernos, al expresar los problemas científicos en términos de relaciones numéricas entre fenómenos, superan la separación de la física y de las matemáticas y abren el camino para alcanzar la meta de la ciencia moderna: la matematización de la física con la cooperación de la experiencia.

4o. El resultado de la ciencia griega fue la representación del mundo como una suma de realidades, definidas y ordenadas jerárquicamente según el número y perfección de las cualidades de cada una de ellas.

5o. La finalidad de esta ciencia griega fue la de conocer y contemplar este mundo tal como «es», es decir, como mundo cualitativamente jerarquizado. Añadamos que los medievales utilizaron esta contemplación para cantar la gloria y grandeza del Dios Creador.

La anterior descripción sintética de lo que fue la ciencia antigua merece algunas observaciones.

En primer lugar, se debe admirar el esfuerzo de estos pensadores para compaginar los datos de la observación sensible con los principios lógicos que defendían y con la concepción racional de un mundo visto antropomorficamente en una forma tan coherente y funcional como el que, siglos más tarde, defenderá la modernidad. En verdad los «errores» imputables a esta visión los encontramos allí donde, al no respetar los datos de los sentidos o al darles un alcance que no tenían, fueron lógicamente incoherentes con su axiomática. Un ejemplo lo encontramos en el escritor escolástico que razonaba contra Galileo de la siguiente manera: «Las creaturas que se mueven tienen miembros y músculos; la tierra no tiene ni miembros ni músculos. Luego no se mueve. Saturno, Júpiter, el sol, etc., son puestos en circulación por los ángeles; por lo tanto, para que la tierra circulase debería tener un ángel en su centro, y como en el centro de la tierra no hay más que demonios, tendría que ser un demonio quien prestara a la tierra su movimiento».

Por otra parte, en la elaboración de su ciencia los griegos fueron llevados a formulaciones teóricas cuya fecundidad se puso de manifiesto en la modernidad. Citemos algunas de ellas.

Los griegos fueron los creadores del conocimiento deductivo. En efecto crearon las matemáticas como un sistema de conocimiento deductivo en lugar de una técnica para medir y contar. Por otra parte definieron como objeto de la reflexión filosófica la investigación de la naturaleza del conocimiento humano y, sobre todo, buscaron una explicación de los fenómenos naturales independientemente de los mitos y la magia. Consideraron que ciertos saberes se podían desarrollar sistemáticamente como cuerpos coherentes de conocimiento: la matemática, la astronomía como algo diferente de la astrología, la anatomía y la fisiología como algo nuevo frente a la medicina práctica; la botánica como algo diferente a la «farmacia» y a la agricultura.

Los presocráticos, de manera especial los pitagóricos, desarrollaron fecundos conocimientos geométricos y refinadas técnicas de cálculo. A Platón se le debe el proyecto de geometrización de la materia y del espacio; la exigencia de salvar los «fenómenos» mediante modelos abstractos; el desprecio por las evidencias inmediatas en nombre de un idealismo matemático; la decisión de someter el confuso mundo de los fenómenos al concepto de ley racional, convirtiendo esta decisión en el principio universal del orden y de la armonía.

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No es exagerada la afirmación según la cual, el saber de los modernos se deriva del nexo establecido por Platón entre Physis (naturaleza) y Nomos (ley). Kepler, Galileo y Newton, entre otros, reconocieron explícitamente su deuda con el platonismo. No se puede, tampoco, pasar por alto, cómo simultáneamente con la visión cualitativa del mundo, en Grecia se hizo presente, con Leucipo y Demócrito, la posibilidad de pensar matemáticamente a la naturaleza: ellos renunciaron a pensar los fenómenos como efectos de una intencionalidad; establecieron la distinción entre impresiones subjetivas y mundo objetivo; redujeron la experiencia variable de lo real a datos homogéneos; recurrieron a modelos explicativos de carácter mecánico para explicar la estructura de la materia y sus distintos comportamientos. Los atomistas fueron los primeros en «deshumanizar» el cosmos, al suprimir todo índice de subjetividad en la explicación de la naturaleza.

Se debe recordar, igualmente, cómo el intento de los atomistas de descomponer mentalmente los mecanismos naturales para reconstruirlos según hipótesis y de excluir dioses y fuerzas ocultas, fue vivido como liberación del miedo a lo desconocido y como el alcance de una sensación de seguridad y felicidad, tal como lo vivirán un buen número de pensadores en los siglos XVIII y XIX. Mencionemos, por ejemplo, un texto de Epicuro:

«No es posible disolver los temores nacidos con respecto a lo que es más importante, ignorando lo que es la naturaleza del universo, sino viviendo en sospechoso temor por los mitos. No es posible, pues, sin el estudio de la naturaleza, tener alegrías puras» (Máximas, Cap. XII).

En relación con el método experimental y la tecnología, se encuentran también elementos valiosos entre los griegos, los cuales jugaron su papel en la creación de la ciencia moderna.

En Arquímedes se da una acentuada convergencia entre técnica, experiencia y ciencia matemática, que lo colocó en los umbrales del método experimental moderno. No hay duda que el redescubrimiento de Arquímedes posibilitó el nacimiento de la mecánica y del cálculo infinitesimal.

El método experimental no le fue totalmente desconocido a Aristóteles. Recuérdese, por ejemplo, su trabajo investigativo en morfología y fisiología de los animales. Es cierto que el método experimental moderno se caracteriza por proceder con hipótesis que se modifican y corrigen a medida que se obtienen los datos experimentales, mientras que en Aristóteles la hipótesis «presupone» el resultado. Sin embargo, no se puede olvidar que el filósofo griego buscó siempre documentar en los datos de la experiencia, la imagen de una realidad en la cual la belleza, la finalidad y el orden, convergen armónicamente en un todo orgánico.

Hechas las observaciones anteriores surge una pregunta:

¿Por qué los griegos, creadores de las matemáticas y de la geometría, no las utilizaron para una cuantificación de las relaciones entre los fenómenos? ¿Cómo lo explicarías?

Se discute, aún hoy en día, sobre este interrogante. Sin embargo, es indudable que una de las causas fue su contexto social en el cual se daba una separación radical entre teoría y praxis, entre mente y manos, entre «episteme» y «tekhné», entre el «ciudadano libre» llamado a la contemplación y al ejercicio de la política y el «hombre no libre» llamado a resolver con su trabajo manual las urgencias inmediatas de la vida de los ciudadanos: pan, techo y vestido.

Añadamos otra causa: la aplicación platónica del cálculo -«ciencia de lo sublime»- sólo a la sublimidad de los astros, entendidos como entes ideales. Geometría, astronomía, la música y sus procedimientos técnicos, fueron considerados como ciencias especulativas, ejercicios del pensamiento «dialéctico», destinados a iniciar al alma en el conocimiento de las ideas supremas y no como instrumentos para transformar el mundo, para hacer cuentas, para trazar una ciudad, para construir un templo… Estamos en los orígenes de la ciencia occidental. Por consiguiente, no nos podemos maravillar ante sus vacíos y limitaciones.

cualitativa

Nos encontramos a principios del siglo XXI. ¿No te sorprendes ante tanta gente que madruga para leer el horóscopo en el periódico, porque cree más en la astrología que en la astronomía? ¿Qué opinarías acerca de esto?

Actividad  FC Tema 4
Habla con tus compañeros de escuela, de trabajo o vecinos y plantea la siguiente pregunta: a) ¿Cómo puedes saber que es verdad lo que conoces? Reporta las respuestas (Al menos tres). b) ¿Alguna persona te habló de recurrir a una fuente de verificación, como por ejemplo: buscar la opinión de un especialista, leer un libro, experimentar, observar con atención, etc…? c) Explica de qué manera se relacionan esas respuestas con lo que plantean Poincaré y Ullmo. d) Cómo puedes explicar con tus propias palabras el hecho de que en la Antigüedad se dio una representación cualitativa de la realidad y reflexiona si de esa modo (explicación cualitativa) era la realidad en sí misma. Entregar esta actividad por escrito en archivo de word.

 Éxito:

Prof. Dr. Ricardo Marcelino Rivas García

philosophica@hotmail.com

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La ciencia como hecho social enero 22, 2014

Posted by recaredus in Ciencia y Filosofía, Crítica de la ciencia, Curso, Materiales.
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1. La ciencia es un hecho social

Con la aparición de las capacidades exclusivamente humanas de pensamiento, lenguaje y construcción de herramientas, el desarrollo evolutivo del hombre tomó un nuevo rumbo: el hombre dejó de ser una realidad simplemente biológica y se convirtió en un ser social.

Ustedes conocen, por sus estudios en bachillerato, algunos de los inventos definitivos que permitieron que la vida humana se distinguiera de la vida de los animales: el uso del fuego, el control de los animales domésticos, el invento de la rueda, la creación de armas, la alfarería, la agricultura, la fundición de metales… Estos primitivos cambios «científicos» y «tecnológicos» permitieron, como se ha dicho, pasar de la vida biológica a la vida social, a una manera determinada de vivir y de relacionarse unos hombres con los otros. A medida que el hombre ha realizado nuevos inventos y han sido retenidos por las nuevas generaciones la vida social, las relaciones entre los hombres y el entorno humano se han ido transformando y continúan transformándose. Recuerden sus estudios: los cazadores se volvieron pastores y criadores de ganado; intencionalmente se comenzaron a cultivar ciertas yerbas y frutas como alimentos y, de esta manera, algunos se convirtieron en granjeros. Las sociedades fueron tomando forma y con ella surgió una división del trabajo.

Nuestro ser social dio origen a las comunidades humanas. Ahora bien, cada comunidad fue creando un «saber» a través del cual sus miembros explicaron y comprendieron su mundo, cómo se debía vivir en él y cuáles serían aquellos aspectos que deberían ser transformados. Todo esto exigió un esfuerzo por comprender, predecir y controlar la naturaleza.

La comunidad no solo produce este saber sino que lo transmite mediante diversos tipos de educación.

A través de la educación la sociedad moldea a su imagen, las nuevas generaciones al recrear en ellas sus modos de pensar, de sentir, de actuar y de proyectarse hacia el futuro. Las ideas, valores, sentimientos, tradiciones y horizontes de futuro que definen a una sociedad, definen simultáneamente al ser social, es decir, al ideal humano que se puede proponer una sociedad. La educación, en la medida que tenga en cuenta este ideal, está llamada a garantizar a la sociedad su cohesión, continuidad y desarrollo, es decir, su unidad, identidad y madurez en el espacio y en el tiempo.

Biológicamente se nace como individuo con un sinnúmero de potencialidades predeterminadas por la especie humana. Pero estas potencialidades sólo se pueden desarrollar en un tiempo y en un espacio cultural y socialmente determinado. De esta forma, el hombre es el resultado de los procesos históricos que en cada época han organizado el pensamiento y las prácticas efectivas operadas por los hombres en su cotidianeidad.

El hombre es fundamentalmente lo que hace, un hacer que está impregnado de la racionalidad propia de la organización social de la cual hace parte. De aquí, entre otras cosas, que las razones y los fundamentos de su pensar y de su práctica cotidiana no siempre le resultan conscientes.

El Robinson Crusoe, es decir, el hombre independiente, autosuficiente y libre, es una ilusión. El hombre es y sólo puede serlo dentro de un contexto social determinado.

Actividad FC 3.1:
Escribe una breve historia donde narres cómo sería un día sin que tú cuentes con aquellas cosas que disfrutamos gracias a la ciencia y la tecnología.
(Recuerda que el personaje eres tú mismo y debes referirte a tus propias actividades cotidianas)
El cuento deberás entregarlo junto con las demás actividades de la presente sesión en un documento de word.
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El hombre concreto, cada uno de ustedes, repitámoslo, es el resultado de un proceso histórico, de una estructura social que el pensamiento (el «saber») y las prácticas de la vida cotidiana han organizado en esta época que les ha tocado vivir. Ustedes, en concreto, actúan a diario en su medio, ejercen una influencia sobre él. Sin embargo, el medio influye sobre ustedes y ustedes se relaciona con otros hombres que también actúan sobre el medio, pero sobre los cuales también el medio actúa. Estas relaciones producen una forma social de pensamiento. El pensamiento organiza el modo de relacionarse socialmente y determina sus líneas de acción. Hagamos un poco de historia…

El hombre de la Grecia clásica, que está en los orígenes de nuestra civilización occidental, se representó a sí mismo como un ser integrado en un cosmos legal y armónico, regido por la razón. Encontró su dignidad en el hecho de ser racional, es decir, de poder fundamentar lo que decía y de ser libre, además de poder intervenir y decidir en los asuntos de su ciudad (Polis) pues, en definitiva, eran sus propios asuntos. A causa de esto se le definió como animal racional y, al mismo tiempo, como animal político.

La estructura social de Grecia asignaba a cada hombre un lugar. Se era esclavo, agricultor, artesano, militar, gobernante, filósofo… Para ocupar su puesto, cada miembro de la comunidad recibía una educación especial que desarrollaba las potencialidades que se poseían. De esta manera la educación era el fundamento y la garantía de las prácticas sociales.

Con la decadencia del mundo griego y con la aparición del cristianismo se dio una nueva concepción del mundo. Todo se explicaba a partir de Dios (Teocentrismo) y el objetivo fundamental de la existencia humana se colocó en la salvación del alma.

De acuerdo con la estructura social, la educación se orientó a que cada «estamento» (clase social) ocupara el puesto que le correspondía en una visión jerárquica de la sociedad. El predicador, el santo, el caballero de las cruzadas, los señores feudales, los siervos, los doctos universitarios, recibieron una educación de acuerdo a su estamento.

A fines de la Edad Media y durante el Renacimiento, surgieron las ciudades y las universidades. Una nueva clase social apareció: la burguesía. Cuando el eje de la vida social se desplazó del campo al «burgo» (la ciudad), los habitantes se fueron haciendo más fuertes gracias a sus nuevas prácticas sociales. La base de la riqueza fue entonces el comercio y la industria. Los burgueses necesitaron instruirse en conocimientos y artes ignoradas o desdeñadas por la sociedad medieval: matemática, administración, modalidades productivas, dominio y explotación de la naturaleza. La adquisición de estos conocimientos dio origen a preocupaciones políticas y obligó a una redefinición de los grupos sociales. La educación posibilitó una nueva mirada hacia el hombre, el mundo y la naturaleza. El conocimiento se dirigió fundamentalmente a la acción. El hombre dejó de ser simplemente la primera «figura» del universo para convertirse en un ser esencialmente «operativo»; la naturaleza dejó de ser objeto de «contemplación» para convertirse en «materia prima» del poder creativo del hombre; en fin, el conocimiento sé dirigió a la acción, pues conocer se hizo sinónimo de poder.

Así, la sociedad dio cuenta de la necesidad de una educación no especulativa y contemplativa, sino formadora de hombres capaces de crear un mundo a su imagen y semejanza a través de la astronomía, la física, la óptica y la mecánica.

La Edad moderna asumió este desafío. Los hombres se dedicaron a buscar el instrumento que les permitiría enseñorearse sobre la naturaleza, arrancarle sus secretos, sus regularidades, sus leyes, para ponerla a su servicio, para mejorar la calidad de la «vida terrestre» de la humanidad. Se hizo entonces patente la necesidad de una educación metódicamente organizada para formar sujetos útiles y productivos para la sociedad. Dentro de esta perspectiva surgió y se desarrolló la Universidad.

Las realizaciones de un Leonardo da Vinci y de Galileo, son un ejemplo de la relación entre la ciencia y los intereses económicos, sociales y políticos. Sus invenciones y descubrimientos ampliaron los límites del conocimiento de la época, pero también beneficiaron a los grandes señores de las ciudades italianas (Milán, Florencia, Venecia) que se dedicaban al comercio y a la banca. Fue por esto que, capitalistas y mercaderes; se manifestaron abiertamente partidarios de las nuevas investigaciones científicas, capaces de producir resultados que mulplicarían sus ganancias.

Para desarrollar con originalidad un nuevo campo de conocimientos, Galileo y sus contemporáneos no se contentaron con la educación que les brindaba la Universidad. Galileo reconoce que su experiencia investigativa tuvo lugar en un trabajo conjunto con los «no doctos».

La colaboración del óptico y pulidor de lentes que participó en la creación del telescopio, como el contacto con dibujantes, constructores, instrumentalistas, le señalaron nuevos caminos para la investigación. Estos curiosos de los fenómenos, estos «técnicos», comenzaban simplemente sus investigaciones sin métodos preconcebidos y sin las certezas de un fin previsto. A partir de estas observaciones Galileo reconoció otras realidades que sólo podía abordar modificando los métodos y las normas tradicionalmente admitidas. Fue así como la técnica dio paso a la tecnología y ésta comenzó a influir en la creación de las teorías científicas.

Galileo desempeñaba su práctica investigativa compartiéndola con una práctica pedagógica que suponía como requisito indispensable la adhesión, la confianza, pero también la polémica y los aportes conjuntos, que eran seriamente discutidos. Las protestas de Galileo por el tiempo que le exigían sus obligaciones docentes, son bien conocidas. Sin embargo, también es conocido su interés por la difusión de los resultados de la nueva ciencia: hasta en los mercados se llegó a hablar de la nueva astrología galileana que había permitido descubrir a Júpiter, los anillos de Saturno, las manchas solares, determinar la Vía Láctea, dar una idea de las enormes distancias que nos separan de las estrellas y ofrecer argumentos en pro del heliocentrismo de Copérnico. Esperamos que lo que ustedes han leído, hasta ahora, les sirva para comenzar a comprender cómo la ciencia, la tecnología y la educación, son hechos sociales.

La aceptación de nuevos conocimientos y de nuevas tecnologías acarrea, frecuentemente, muchas resistencias: no faltan las incomprensiones, las controversias, las persecuciones e, inclusive, las condenas; pero también las proclamas inconscientes a favor. Galileo vivió en carne propia, al ser condenado por la Inquisición, lo que significa pensar contra un pensamiento establecido.

Hemos subrayado el término «pensamiento establecido». ¿Por qué lo hemos hecho? Aquí insistiremos en que la creatividad científica requiere un espíritu científico que implica, entre otras cosas, la disposición a pensar en contra de lo que siempre se ha pensado o se está pensando. ¿Se consideran ustedes capaces de pensar en contra de lo establecido por los científicos o por personas autorizadas que conocen? Tengan en cuenta que no se trata de pensar distinto, sino de tener argumentos y razones que ofrecer para defender un punto de vista diferente.

La fe en la razón que preconizara Galileo frente al obscurantismo de su época y el afán por el preguntar que late en todo hombre que piensa, orientan siempre a nuevos interrogantes, a nuevos problemas, a nuevas respuestas. Sólo así la ciencia y la tecnología han sido posibles.

Pero, ¿Qué es la ciencia y qué es la tecnología?

2 La ciencia, una creación humana

Frecuentemente, de acuerdo con el positivismo del siglo pasado, se piensa que la ciencia es el único saber que nos dice cómo es «objetivamente» la realidad en sí misma de manera definitiva y total. ¿Acaso no son los científicos los que «descubren» y explican las leyes que rigen el universo natural y social?

Pues bien, la verdad es otra: no hay un modo de conocimiento definitivo y total. ¡La ciencia es una creación humana!

La ciencia es una representación

La ciencia es una representación (un marco teórico, una axiomática, o un esquema intelectual), creada por los llamados científicos, gracias a la cual ellos pueden:

1o. Formular preguntas sobre lo que sería la realidad y sobre la manera como se comportan e interrelacionan los fenómenos que observan a su alrededor;

2o. Definir métodos que les permiten dar una respuesta exacta y rigurosa a sus preguntas;

3o. Interpretar los resultados que obtienen al aplicar los métodos formulados.

Ustedes podrían decir que esto también lo hace un campesino. Él también se hace preguntas sobre cuándo debe sembrar, cómo debe sembrar y analiza los resultados positivos o negativos, en términos económicos, de lo que él ha sembrado. ¿En dónde está la diferencia?

El campesino es un científico en potencia guiado no por intereses teóricos sino prácticos, de ordinario de orden económico. El científico no se mueve por intereses prácticos sino teóricos, es decir, su interés radica en explicar, describir o interpretar los fenómenos. Por lo demás, es alguien que maneja un marco teórico y unos métodos que le aseguran precisión y objetividad. Finalmente, se expresa en un lenguaje abstracto, muy lejano del lenguaje que utiliza el campesino para traducir sus sensaciones y experiencias empíricas.

Por su experiencia y la experiencia de sus vecinos, el campesino sabe que se debería sembrar en una determinada semana, de acuerdo con la visión que él y ellos tienen sensorialmente de la posición de la luna. Ellos tienen, por ejemplo, la «impresión», no todos en forma igual, que de acuerdo con el impacto final, una manzana que cae desde una mayor altura emplea un mayor tiempo y llega a tierra con mayor velocidad. «Esto» ellos lo «experimentan» y cada uno formula su «opinión».

Un científico, gracias a su método, se expresará de la siguiente manera: para una manzana que cae sin resistencia, con aceleración constante g:

v=gt

donde v es la velocidad instantánea en un tiempo después de soltarla del reposo. Los términos técnicos y matemáticos no tienen de inmediato un significado obvio y exigen, por otra parte, un equipo especial para su comprobación. No le es suficiente «ver». El resultado, sin embargo, es valioso: aquí no hay lugar a «opiniones», pues nos encontramos ante una relación precisa, verificable por todos, en lugar de una opinión o proposición general.

Actividad FC 3.2.
Nos estamos refiriendo a una ley enunciada en los inicios de la ciencia moderna. ¿A qué ley nos referimos? ¿Quién la enunció?, ¿qué repercusiones tuvo dicha ley para la posterior concepción del mundo?
Investiga y entrega la respuesta por escrito.

El ejemplo que hemos mencionado le puede aclarar dos cosas:

1o. El conocimiento científico, en buena parte, es inspirado por el mundo de la experiencia cotidiana;

2o. Este conocimiento tiene la ventaja de ser preciso y objetivo, gracias a un lenguaje «especializado», fruto de un detenido análisis de la experiencia, a partir, de un método muy especial: el método experimental y matemático. Gracias a este método, el científico sintetiza a posteriori sus conocimientos en leyes y las leyes en teorías.

Son muchas las ventajas de una teoría científica: sintetiza en leyes los conocimientos ya comprobados experimentalmente; permite deducir lógicamente nuevas leyes; sugiere experimentos para confirmar estas leyes deducidas; anticipa nuevas relaciones entre fenómenos; predice la existencia de fenómenos que nos son desconocidos en nuestra experiencia, etc. A fines del siglo XX y en estos comienzos del XXI, nos están inspirando cómo «socialmente» podemos transformar el mundo y ponerlo a servicio de lo que queremos ser y de la manera como quisiéramos vivir.

A través de la comunicación de los logros científicos -tanto a la comunidad científica como, posteriormente, al cuerpo social- se logra la legitimación social de un conocimiento. Ya diremos algo sobre esto.

La formulación de una teoría nunca surge como algo extraño al contexto social. Una teoría se enuncia cuando las posibilidades de un determinado contexto histórico-cultural se lo permiten. Sobre esto también insistiremos más adelante.

Al ser la ciencia una construcción, es fácil comprender la variedad de representaciones que se han sucedido en la historia, y por qué el científico al formular sus teorías reduce y limita la realidad a lo que él quiere pensar y explicar.

Actividad FC 3.3.
Responde de manera reflexiva y argumentada la siguiente pregunta: ¿Qué impacto provoca saber que la ciencia es un hecho social y que no es el “espejo de la naturaleza”?
 
Actividad complementaria opcional:
Puedes ver la película «Náufrago» (Cast Away, 2000). Chuck Noland (Tom Hanks), un ejecutivo de la empresa multinacional de mensajería FedEx, se ve apartado de su cómoda vida y de su prometida a causa de un accidente de avión que lo deja aislado de la civilización en una remota isla tropical en medio del océano. Tras cuatro años de lucha por la supervivencia, completamente solo en la isla, Chuck aprende todas las técnicas de subsistencia mientras sufre la tortura de la soledad. La solución: arriesgar la vida adentrándose mar adentro.
 
naufrago_15_smallBibliografía: HERRERA D., Teoría social de la ciencia y la tecnología, UNAD, Bogotá, 1998. Capítulo1, La ciencia, pp. 5-46.
 

Prof. Dr. Ricardo Marcelino Rivas García

philosophica@hotmail.com

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